jueves, 29 de marzo de 2012

Las Enseñanzas del Caballero de la Armadura Oxidada (analizado por Carlos Velasco) 7/7


Séptima prueba: La Cima de la Verdad

El símbolo de la ascensión a la montaña como lugar sagrado
Éste símbolo ha existido en todas las culturas. Lograr ese ascenso implica superar una dificultad y un esfuerzo.
Los místicos han vivenciado la subida como un proceso doloroso pero necesario para purgarse de los apegos que son la causa del sufrimiento.
La cima de la montaña simboliza la Verdad. Es el lugar más elevado donde la Fuente se revelará al Caballero y éste se unirá a Ella después de haber pasado por un proceso de purificación que le habrá ido liberando de las armaduras.

No podrá conocer lo desconocido si se aferra a lo conocido
El Caballero trata de alcanzar la cima de la montaña agarrándose con los dedos con los dedos ensangrentados a las afiladas rocas de la pared vertical.
Estando ya cerca de alcanzar la cima se encuentra con un enorme canto rodado que bloquea su camino y en el que ve la siguiente inscripción: "Aunque este Universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido".
El significado de la inscripción hace mención a los obstáculos de su vida representados por el cuádruple aferramiento a lo conocido: cosas "conocidas", identidad, creencias y juicios, que son lo que le impide el acceso al Conocimiento.
La interpretación de la primera parte de la inscripción es que el Universo está dentro de él, por lo tanto lo posee. En otro plano de entendimiento podemos decir que, estando hecho el Universo con el Hálito de la Fuente, todo le pertenece a Ella y todo regresa a Ella. Por lo tanto, nada posee el     Caballero.
La segunda parte de la inscripción significa que para conocer lo desconocido tendrá que desaferrarse de los condicionamientos, creencias y acciones erróneas.

Tendrá que confiar en la Fuente
El Yo verdadero le dice que tiene que confiar en "la vida, la fuerza, el universo, Dios, como quieras llamarlo".
Dios es aquello que no se puede nombrar, de nombrarlo no sería el verdadero Dios. Se le conoce por sus atributos, se le denomina el Originador del Universo, el Viviente, el Verdadero, entre otros nombres.   No es alcanzable por medio de la razón, sino a través de la intuición del corazón.
El temor a desasirse de las rocas significa en el plano psicológico desprenderse de las resistencias psicológicas que le impiden profundizar en lo verdadero y soltar lo falso.
Entonces el Caballero se desprendió de las rocas y cayó al abismo, a las profundidades de sus recuerdos. Este descendimiento significa una regresión a las profundidades del inconsciente y aceptar lo que es.

Asumiendo responsablemente las acciones de su vida coronará la cima de la montaña
En lugar de responsabilizarse de sus propias acciones y pensamientos, había proyectado en los demás sus problemas. Había culpado a sus padres, a sus profesores a su mujer y a su hijo y a sus amigos de todo cuanto de malo le había sucedido. Según caía al vacío se fue desprendiendo de todo aquello que había lanzado contra ellos. Entonces comprendió que no tenía que juzgar ni excusarse, al mismo tiempo que aceptaba su responsabilidad de sí mismo. Cuanto más descendía al océano de sus recuerdos, más descendía lo mental al nivel del corazón intuitivo.
Fue entonces, cuando experimentó una nueva sensación de poder y libertad y dejó de sentir miedo. "Le sobrevino una desconocida sensación del calma y algo muy extraño le sucedió: ¡empezó a caer hacia arriba!..."  Significa que al descender el Caballero al abismo del falso yo y reconocerle, puede ascender a los cielos de su Yo verdadero, pues ya nada le ata en la morada de los infiernos.

Los sentidos y lo sentimientos se despertaron aún más en él
Al elevarse el corazón por encima de su mente, pudo contemplar la Naturaleza tal cómo era.
Antes de ponerse la armadura, el sistema sensorial estaba abierto para percibir y sentir la existencia, pero el temor a lo desconocido le había provisto de una actitud física y mental de entumecimiento de los sentidos.
Al revivificar los sentidos, se sintió arrebatado por una sobrecogedora sensación de bienestar y percibió un extraño mareo a causa del desbordamiento de la percepción de los sentidos, al ver, oír y sentir el Universo que le envolvía en todo un despliegue de belleza y majestad.
En esa experiencia de ensanchamiento del corazón se producirá la total redención del Caballero. Siente agradecimiento hacia los demás y promete no volver a ponerse la armadura y no volver a desempeñar el papel de caballero.
Su corazón rebosaba amor por sí mismo, por su esposa, por su hijo, por su maestro Merlín, por sus compañeros de viaje, Ardilla y Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo que la Fuente le había permitido conocer.
Se puso de rodillas y de sus ojos surgieron lágrimas de gratitud pues había conseguido el objetivo de su viaje: conocerse y amarse.
"Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto. Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en derretir lo que quedaba de su armadura".


Se transfigura en un ser luminoso
Se ha hecho luminoso, irradiando una luz que salía de su corazón, siendo más sutil y mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura que provenía del brillo de sus máscaras que tanta admiración habían causado, pero que ocultaban la luz del corazón.
Esa  luz que emana de él deslumbraba, destellaba y resplandecía más que el sol, el arroyo y la luna. El deslumbrar del sol es un símbolo de la luz de la Fuente y de la luz del Yo verdadero; el destello del agua simboliza la luz de la renovación espiritual; y el resplandor de la luna, al ánima.
Se había integrado con la Naturaleza porque sabía que estaba hecho de los mismos elementos (agua, tierra, fuego y aire). Además, participaba del destello del arroyo, del resplandor de la luna y del deslumbrante sol porque la luz del Caballero también tiene esas bellas cualidades de la Fuente. Conocía que todo en la Creación estaba hecho con el hálito amoroso de la Fuente.

Se une al principio que es amor
Por eso, ahora el Caballero era el arroyo, era la luna y era el sol, todo a la vez e incluso más, porque había reconocido que la Naturaleza estaba hecha del mismo hálito vivificador que él, y poseía la comprensión de los significados de las cosas.
Este es el estado de máxima aproximación y de unión en la Fuente, pues ya no es que posea el Universo, como sentía cuando se encontraba de pie en la cima de la montaña, sino que es uno con el Universo.
Al comienzo del viaje el Caballero buscaba un Sendero por el que transitar para alcanzar el conocimiento de sí mismo y amarse. Para ello había pasado por los estados de la noche oscura del temor y por la anchura del espíritu, pero la Fuente le sacó al final del viaje de ambos estados para que no fuera de ninguna otra cosa sino de Ella. El yo falso ha desparecido, el Yo verdadero se ha hecho presente y luminoso, el Caballero sólo contempla la inmensidad de la Luz.
Era amor, porque éste es el principio con que había sido creado, por desbordamiento de amor del Creador, quien le había permitido conocer los secretos del amor fluyendo continuamente de Él en toda su plenitud.
Comenzó la aventura al reconocer la ausencia del amor en él, y sintiéndose nostálgico y con un anhelo profundo por su recuerdo emprendió un viaje que ahora llegaba a su fin. El libro concluye con "el Principio", porque la primera manifestación de la Fuente fue el amor. El Caballero se había unido en amor a la Fuente y había cumplido el eterno retorno de sí mismo, la vuelta al Principio y Éste es Amor.


7 claves para meditar
1. ¿Cómo es tu ascensión a la montaña?
2. ¿A qué te aferras?, ¿Temes abandonarte?
3. ¿Qué te quita la libertad y te impide ser feliz?
4. ¿En qué tienes confianza?
5. ¿Asumes tu propia responsabilidad?
6. ¿Tienes capacidad para ver la Naturaleza con los ojos del corazón?
7. ¿Qué grado de unión tienes con la Fuente?

Fuente: http://www.psicoterapia-transpersonal.es

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