jueves, 8 de marzo de 2012

El Duelo

Muchas personas creen que en el duelo hay que dejar pasar el tiempo que todo lo cura y considerar el sufrimiento como propio, exclusivo y no compartible.
Otros creen que es un continuo lamento y se sitúan en una vida eternamente infeliz.
O que el duelo es para olvidar o para dejar de amar al ser querido muerto.
La perdida de un ser querido es un proceso difícil al que los psicólogos denominan PROCESO DE DUELO.
Se define como el conjunto de manifestaciones fisiológicas, intelectuales, emocionales, conductuales y espirituales que se presentan como consecuencia de una pérdida.
En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: Es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros), y espiritual (duele el alma).

FINALIDAD DEL DUELO
La finalidad de un duelo es dar expresión y cause sano a los sentimientos, serenar el sufrimiento dominando la pena de la separación, aceptar la realidad de la muerte y amar con un nuevo lenguaje de amor al fallecido (o del ser que uno se ha separado).
Y en este proceso debemos encontrar un significado a nuestra vida.

“Quien tiene un POR QUÉ VIVIR, encontrará siempre el CÓMO”



ETAPAS DEL DUELO
Quienes atravesamos por un proceso de duelo transitamos por una serie de etapas o vivencias comunes, aunque cada una se caracteriza por una amplia variedad de respuestas humanas.
Las reacciones que se presentan en cada una de las etapas son totalmente normales y esperables.
Muchos autores de libros sobre el duelo piensan que el duelo se desarrolla en 5 etapas o fases, que aunque reciben diferentes nombres según el autor, tienen las mismas características:

1ª etapa: Impacto y Negación.
2ª etapa: Conciencia de la pérdida.
3ª etapa: Conservación o Retraimiento.
4ª etapa: Cicatrización o reacomodo.
5ª etapa: Recuperación y sanación.

1ª etapa: Impacto y Negación
Sus características son:
Incredulidad, confusión, inquietud, oleadas de angustia aguda (agitación, llanto, sensación de ahogo, respiración suspirante, vació en el abdomen, preocupación por la imagen del muerto), pensamientos obsesivos y algunos síntomas físicos (debilidad muscular, temblor incontrolable, perplejidad, mareos y palpitaciones).




2ª etapa: Conciencia de la pérdida (desorganización)
A medida que los síntomas y reacciones iniciales gradualmente pierden su intensidad y la persona acepta intelectualmente la nueva situación, comienza la segunda etapa.
Ansiedad de separación, estrés prolongado, agresividad, impotencia, frustración, hipersensibilidad, trastornos del sueño, miedo a la muerte, comportamiento de búsqueda, sentir la presencia del muerto.
En esta etapa llena de conflictos surge la culpa real o imaginaria, aparece con sentimientos y pensamientos de “SI HUBIERA”.
La culpa puede tomar varias formas: sentirse culpable de estar vivo. Auto acusaciones. Culpa fantasiosa
Recapacitar de lo ilógico que es sentir culpa por algo que no podemos cambiar y que no estuvo en nuestras manos hacerlo, disminuirá la culpa y allanara el camino para la resolución de un duelo sano.

3ª etapa: Conservación, retraimiento
Aislamiento, impaciencia, fatiga y debilidad, repasar lo sucedido obsesivamente, apoyo social disminuido, necesidad de sueño, desesperación, desamparo, impotencia.

4ª etapa: Cicatrización o reacomodo
El doliente va dejando poco a poco su mundo emotivo y vuelve a tener una perspectiva, realiza un balance entre lo que ha perdido, lo que le queda y lo que ha aprendido.
Características: Reconstruir la forma de ser, retomar el control de la propia vida, disminución gradual del estrés, aumento de energía física y emocional.

5ª etapa: Recuperación y sanación
En esta etapa retomamos el control sobre la vida. Es tiempo de dejar partir e iniciar nuevas relaciones.

Se nos brinda la ocasión de ir al interior de uno mismo y descubrir los recursos profundos, pues el sufrimiento vivido conscientemente es con frecuencia un estímulo para evolucionar y abrirse a los demás. Por eso es importante vivir a fondo las cuatro primeras etapas, antes de pasar a la quinta.
El doliente esta ahora listo para perdonar y pedir perdón al difunto por las faltas y heridas que hayan marcado su relación.
Esta también dispuesto a perdonarse a si mismo y a dar gracias al ausente por la experiencia que le ha heredado.

Tipos de duelo
ANTICIPADO: precedido con tiempo y pleno conocimiento de la situación, permite prepararse anímicamente.
RETARDADO: es un duelo inhibido o reprimido. Se puede tener una reacción emotiva en el momento de la pérdida, pero no va en proporción con el significado de la pérdida de un ser querido. El pesar se manifiesta con cierta exageración más adelante cuando la pérdida es reactivada por una pérdida menor.
CRÓNICO: Es un pesar inusitadamente intenso que no disminuye con el tiempo y, por lo tanto, se transforma en una manera de ser.
EMERGENTE: El sufrimiento aparece por etapas, fechas o circunstancias.
PATOLÓGICO: El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que va desde el retraso del duelo, o la ausencia de éste, hasta un duelo muy intenso y prolongado.
NEGADO: Es la ausencia de la expresión del duelo en el momento de la pérdida.
EXTRAORDINARIO: Ocasionado por situaciones críticas de la muerte; aborto, suicidio, homicidio, tortura, cuerpos sin aparecer, guerras, etc.
SALUDABLE O POSITIVO: Te planteas el gran desafío de reincorporarte al mundo a partir de una nueva identidad, de un nuevo conocimiento de nosotros mismos, en el cual no esta incluido nuestro ser querido fallecido, lo que no significa que vayamos a olvidarlo.
ES POSIBLE VOLVER A LA VIDA, VOLVER A AMAR, Y VOLVER A SONREÍR.
Recomendaciones para un duelo sano
LLORAR: es humano y es una reacción normal ante la muerte de un ser amado.
HABLAR: es una forma de desahogarse y compartir nuestros sentimientos y nuestros estados de ánimo.
CONVERSAR CON OTROS: acercarse a un grupo de ayuda mutua puede aliviar en gran medida nuestro dolor, al escuchar a otros padres como sobreviven, es una esperanza.
RECONOCER LA PERDIDA: admitir la pérdida nos permitirá avanzar en la aceptación.
ESCRIBIR LO QUE SE SIENTE: nos permite esclarecer nuestros propios sentimientos y las emociones.
CULTIVAR EL AFECTO Y EL AMOR MUTUO EN LA PAREJA: mantener comunicación con el cónyuge.
PRESTAR ATENCIÓN Y CONSOLAR A NUESTROS HIJOS: ellos también elaboran su propio duelo, no los olvidemos.
RESPETAR EL DOLOR DEL CÓNYUGE: Se debe evitar la crítica ante el dolor de nuestra pareja.
CONSULTAR A UN PROFESIONAL: Asistir con un psicólogo para recibir orientación y consejo.
EVITAR TOMAR RESPONSABILIDADES O DECISIONES IMPORTANTES: Aplazar las decisiones importantes como cambiar de casa, vender las cosas o cambiar de trabajo.

Duelo en pareja
Luego de la dramática pérdida de un hijo, cada uno de los padres asume su propio dolor y la relación de pareja no ocupa un primer término.
Existe una gran variedad de patrones de comportamiento frente a la pérdida de un hijo y todos son válidos.
Por lo general son las mujeres las que expresan sus sentimientos más abiertamente y lloran en forma más frecuente. En cambio los hombres inhiben el dolor y no muestran sus sentimientos.
Según La sociedad y nuestra cultura “El hombre comparte lo que hace, no lo que siente”, aunque por dentro sienta rabia, frustración, impotencia, culpabilidad y sentimiento de fracaso como protector.
Es frecuente que se produzcan tensiones y conflictos en la vida de pareja como:
No coincidir con la forma como el otro vive su pérdida.
Culpar a la pareja.
Falta de sincronización en las etapas del duelo.

Duelo en niños y adolescentes
Podemos pensar que los niños no comprendan lo que es la muerte, pero son perfectamente sensibles a los cambios que se producen en la casa y a la ausencia del contacto físico con la persona fallecida.
La reacción casi inmediata de un niño al enterarse de la muerte de un ser querido gira en torno a tres preguntas: ¿La causé yo?, ¿Me puede ocurrir a mi, a papá o a mamá?, ¿Quién cuidará de mi?
Se debe dar respuesta a estas preguntas según el nivel de entendimiento de cada niño.
Un niño puede fantasear que él tiene relación con la muerte del ser querido o puede pensar que la muerte es “contagiosa”.
Algunos síntomas significativos que se manifiestan en la conducta de los niños son:
Cansancio o hiperactividad
Vulnerabilidad
Miedo por su seguridad y por la de sus seres más queridos.
Problemas de atención y memorización
Falta de sueño y apetito.
A los niños siempre hay que hablarles con la verdad y tratar de responder de la mejor manera a todas las preguntas o dudas que pudieran tener.
Y en el caso de que uno o más síntomas permanezcan de manera prolongada, solicitar ayuda profesional para valorar la situación y facilitar la aceptación de la muerte.



Fuente: http://gruporenacer.wordpress.com

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