lunes, 5 de marzo de 2012

El Desapego


“Nuestros problemas se deben a un apego apasionado a las cosas y a deseos
que nunca se satisfacen por completo, entonces generan aun más angustia.
Percibimos a las cosas como entidades permanentes. En el empeño de
conseguir estos objetos de nuestro deseo, empleamos la agresión
y la competencia como herramientas supuestamente eficaces
y nos destruimos cada vez más en el proceso”.
Dalai Lama


Conciencia de la vida como transformación.

Desapego es una palabra mucho más sonada en los últimos tiempos que nunca antes. Y cuesta como nada en el mundo. De hecho, religiones como la budista afirman que el apego es, en realidad, la causa de todo sufrimiento, y si nos cercioramos de esto en la observación de nuestra experiencia podemos ver que tiene mucho de verdad.

Es posible estar apegados o amarrados a ideas, dogmas, estilos de vida, lugares, cosas; por supuesto, personas, animales, etcétera y entre más apegados estamos, más crece nuestro miedo a perder todo esto. Nos volvemos altamente vulnerables a los cambios de la vida y nos ponemos en la zona furiosa de abatimiento por estas transformaciones.

Muchas técnicas de meditación tienen su columna vertebral en –justamente– colocarnos en un punto de vista de observador, de ser un testigo del constante cambio, desde nuestro cuerpo hasta el mundo circundante, sin dejarse llevar por los vaivenes de las terminaciones y de los nuevos comienzos.

Es muy diferente vivirlos a partir de la visión de un ser que contempla el proceso de muerte y renacimiento como el mecanismo de la vida para expandirse y continuar, que en el papel de acción-reacción al que estamos acostumbrados. No es que no nos duela perder lo que amamos, eso es natural, sino que entre más identificados estamos con el mundo exterior: soy hijo de, padre de, director de, dueño de, etcétera; más nos convertimos en presas del miedo y del sufrimiento al no tener aquello a lo que estábamos acostumbrados.

Las técnicas meditativas del ser sin identificarnos con lo externo nos ofrecen, al menos, la posibilidad de vivir los cambios sin tanto dolor, sin el horror del viejo modelo donde la pérdida de un amor, de una empresa, de un hijo, de una fortuna, de la salud, se vuelve devastadora; dando paso a una forma más noble y natural de vivir los cambios con aceptación, para así poder seguir adelante y salir más fortalecidos abrazando lo nuevo que la vida tiene para ofrecernos en su continuo proceso de renacimiento.

Toño Esquinca antonioesquinca@antonioesquinca.com 
Twitter: @aesquinca
Fuente: Publimetro


EL TIEMPO

Yo no puedo - como tú – decir “mañana”…
Para mí todos los verbos se conjugan en Presente:
Amo, sueño, canto, río
y hasta creo a veces ¡que vivo!

Pero todo es un instante,
un minuto luminoso
que apenas va transcurriendo
ya comienza a ser… pasado.

No puedo decir “mañana”,
porque en esta vida mía
siempre incierta, siempre extraña,
todo ocurre por sorpresa:
por lo que lucho, no llega;
y lo que no espero, lo tengo;
y lo que ya siento mío
de repente se me escapa.

Por eso a nada me aferro,
por eso a nadie me ato,
no pido ni hago promesas,
¡vivo tan sólo el momento!,
si es hermoso lo disfruto
hasta que todo se acaba,
y si es malo lo soporto
sin derramar una lágrima.

Tú también a mí no te aferres
ni a ti pretendas atarme;
en el espacio y el tiempo yo soy una luz viajera
que por tu camino para;
soy la voz que va en el viento
para buscar a tu alma,
el paisaje que te envuelve
en una caricia larga…
pero también soy la sombra
que se diluye en la nada.

Hoy el tiempo nos reúne,
y en este Presente nuestro
somos luz, caricia y flama,
voz que en el espacio canta,
¡somos astros que encienden
en tanto que otros se apagan!
Y como todo lo bello,
y como todo lo bueno es tan breve como incierto,
¡vive conmigo el momento!,
disfruta lo que hoy te ofrezco
y nunca digamos “mañana”…

Rosario Siliceo Ambía
(Poetisa mexiquense)

No hay comentarios:

Publicar un comentario